Cómo Hacer Lo Que Amas
March 26, 2006 by Fernando Duran
(Traducción del artÃculo de Paul Graham How to Do What You Love)
Enero 2006.
Para hacer algo bien te tiene que gustar. Esa idea no es exactamente nueva. La hemos resumido en cuatro palabras: “Haz lo que amas.†Pero no es suficiente sólo con decirle eso a la gente. Hacer lo que amas es complicado.
La propia idea es extraña a lo que la mayorÃa de nosotros aprendemos de niño. Cuando yo era un niño parecÃa como si el trabajo y la diversión fueran opuestos por definición. La vida tenÃa dos estados: parte del tiempo los adultos estaban obligándote a hacer cosas, y a eso se le llamaba trabajo; el resto del tiempo tu podÃas hacer lo que quisieras, y a eso se le llamaba jugar. Ocasionalmente las cosas que los adultos te hacÃan hacer eran divertidas, de la misma forma que ocasionalmente jugar no lo era – por ejemplo, si te caÃas y te hacÃas daño – pero excepto por estos pocos casos anómalos, el trabajo era básicamente definido como no-divertido.
Y no parecÃa ser un accidente. La escuela , se daba por hecho, era tediosa porque era la preparación para el trabajo de los adultos.
El mundo entonces se dividÃa en dos grupos: los adultos y los chicos. Los adultos, como un tipo de raza maldecida, tenÃa que trabajar. Los chicos no, pero ellos tenÃan que ir al colegio, que era una versión diluida de lo que significaba el trabajo para prepararnos para la cosa real. Por mucho que nos disgustara el colegio, todos los adultos coincidÃan que el trabajo de adulto es mucho peor, y que nosotros lo tenÃamos fácil.
Todos los profesores en particular parecÃan creer implÃcitamente que el trabajo no era divertido. Lo que no es sorprendente: trabajar no era divertido para la mayorÃa de ellos.
¿ Por qué tenÃamos que memorizar las capitales de los estados en vez de jugar a la pelota? Por la misma razón que ellos tenÃan que vigilar a un grupo de chicos en vez de estar tumbados en la playa. Simplemente no podÃas hacer lo que querÃas.
No estoy diciendo que deberÃamos dejar que los niños chicos hagan lo que quieran. Puede que tenga que obligárseles a trabajar en algunas cosas. Pero si hacemos que los niños trabajen en cosas aburridas, puede ser bueno decirles que el aburrimiento no es la cualidad que define al trabajo, y realmente la razón por la que tiene que trabajar en cosas aburridas ahora es para que puedan trabajar en cosas más interesantes después. (1)
Una vez, cuando tenÃa unos 9 o 10 años, mi padre me dijo que podÃa ser lo que quisiera cuando fuera mayor, mientras lo disfrutara. Recuerdo eso precisamente porque parecÃa tan anómalo. Era comos si te dijeran que usaras agua seca. Lo que fuera que pensara que él querÃa decir, no pensé que él querÃa decir que el trabajo podÃa ser literalmente divertido – divertido como jugar. Me llevó años aprehender eso.
Trabajos
Por la secundaria, la idea de un trabajo real estaba en el horizonte. Adultos venÃan a veces a hablarnos sobre sus trabajos, o nosotros Ãbamos a verlos trabajar. Siempre se sobreentendÃa que ellos disfrutaban de lo que hacÃan. En retrospectiva pienso que uno puede haber disfrutado: el piloto de jet privado. Pero no creo que el gerente de banco realmente lo disfrutara.
La razón principal de que todos actuaran como si disfrutaran su trabajo era presumiblemente la convención de la clase media-alta de que se supone que te tiene que gustar. No serÃa meramente malo para tu carrera el decir que detestabas tu trabajo, pero algo inaceptado socialmente.
Porqué es convencional pretender que te gusta lo que haces? La primera frase de este ensayo lo explica. Si te tiene que gustar algo para hacerlo bien, entonces a la gente más exitosa le gustará lo que hacen. De ahà es donde viene la tradición de la clase media’alta. Igual que casas por todo Estados Unidos están llenas de sillas que son, sin que lo sepan los dueños, imitaciones de grado n de sillas diseñadas hace 250 años por reyes franceses, las actitudes convencionales sobre el trabajo son, sin que lo sepan siquiera los dueños, imitaciones de grado n de las actitudes de gentes que han hecho grandes cosas.
Vaya receta para la alienación. Antes de que alcancen una edad para pensar sobre lo que les gustarÃa hacer, la mayorÃa de los chicos han sido completamente engañados sobre la idea de amar el trabajo de uno. La escuela les ha entrenado a considerar el trabajo como un deber desagradable. Se dice que tener un trabajo es incluso más oneroso que las tareas escolares. Y todavÃa todos los adultos afirman que les gusta lo que hacen. No podemos culpar a los chicos por pensar “yo no soy como esta gente; no soy apropiado para este mundoâ€.
Realmente les han contado tres mentiras: las cosas que les han enseñado a considerar como trabajo en el colegio no es trabajo de verdad; el trabajo de adultos no es (necesariamente) peor que el trabajo escolar; y muchos de los adultos en su alrededor están mintiendo cuando dicen que les gusta lo que hacen.
Los mentirosos más peligrosos pueden ser los padres de los mismos chicos. Si tomas un trabajo aburrido para dar a tu familia un alto nivel de vida como hace mucha gente, te arriesgas a infectar a tus hijos con la idea de que el trabajo es aburrido. (2) Puede que sea mejor para los chicos en este caso si los padres no fueran tan egoÃstas. Un padre o madre que da el ejemplo de amar su trabajo puede ayudar a sus hijos más que una casa cara. (3).
No fue hasta que estuve en la universidad que la idea de trabajo finalmente se liberó de la idea de granarse la vida. Entonces la pregunta importante llegó a ser no cómo hacer dinero, sino en qué trabajar. Idealmente éstas coincidÃan, pero algunos casos lÃmite espectaculares (como Einstein trabajando en la oficina de patentes) probaron que no eran idénticas.
La definición de trabajo era ahora hacer alguna contribución original al mundo, y en el proceso no morir de hambre. Pero después del hábito de muchos años mi idea de trabajo todavÃa incluÃa un gran componente de dolor. El trabajo todavÃa parecÃa requerir disciplina porque sólo los problemas difÃciles obtenÃan grandiosos resultados y los problemas difÃciles no podÃan ser literalmente divertidos. De seguro uno tenÃa que forzarse a sà mismo para trabajar en ellos.
Si tu piensas que algo se supone que tiene que doler, es menos probable que te des cuenta si lo estás haciendo mal. Eso casi resume mi experiencia del postgrado universitario.
LÃmites
Cuánto se supone que te tiene que gustar lo que haces? A menos que sepas eso no sabes cuándo parar de buscar. Y si, como la mayorÃa de la gente, lo subestimas, tenderá a parar tu búsqueda demasiado pronto. Terminarás haciendo algo elegido por ti por tus padres, o el deseo de hacer dinero, o prestigio o pura inercia.
Aquà hay un lÃmite superior: hacer lo que amas no significa haz lo que te gustarÃa más hacer en este segundo. Incluso Einstein probablemente tuvo momentos cuando querÃa tomar una taza de café pero se dijo a sà mismo que tenÃa que terminar en lo que estaba trabajando primero.
Me solÃa poner perplejo cuando leÃa sobre gente que le gustaba tanto lo que hacÃan que no habÃa nada que preferirÃan hacer. No parecÃa haber ningún tipo de trabajo que me gustara tanto. Si tuviera la elección de (a) pasar la siguiente hora trabajando en algo o (b) ser teletransportado a Roma y pasar la siguiente hora andando por ahÃ, habÃa algún tipo de trabajo que prefiriera? Honestamente, no.
Pero el hecho es que casi todo el mundo prefiere, en un momento determinado, estar flotando en el Caribe, o tener sexo, o comer alguna comida deliciosa, que trabajar en problemas difÃciles. La regla sobre hacer lo que amas supone un cierto intervalo de tiempo. No significa haz lo que te hace más feliz en este instante, sino lo que te hará más feliz sobre un periodo de tiempo más largo, como una semana o un mes.
Los placeres improductivos llegan a aburrir eventualmente. Después de un rato te aburres de estar tirado en la playa. Si quieres seguir feliz tienes que hacer algo.
Como lÃmite inferior, te tiene que gustar tu trabajo más que cualquier placer improductivo. Te tiene que gustar lo que haces lo suficiente que el concepto de “tiempo libre†parezca equivocado. Lo que no es lo mismo que decir que tienes que estar todo el tiempo trabajando. Puedes trabajar sólo hasta un punto antes de que cansarte y empezar a estropearlo todo. Entonces quieres hacer otra cosa – incluso algo tonto. Pero no consideras ese rato como el premio y el tiempo que pasaste trabajando como el dolor que soportas para ganarlo.
Pongo el lÃmite inferior ahà por razones prácticas. Si tu trabajo no es tu cosa favorita que hacer, tendrás problemas terribles de dejar las cosas para después. Tendrás que forzarte a ti mismo a trabajar y cuando recurres a eso los resultados son claramente inferiores.
Para ser feliz creo que tienes que estar haciendo algo que no solamente disfrutas sino que admiras. Tienes que ser capaz de decir al final, guau, eso es bien chulo. Esto no significa que tienes que construir algo. Si aprendes ala delta o a hablar un idioma extranjero de forma fluida, eso será suficiente para hacerte decir, al menos por un tiempo, guau, eso es bien chulo. Lo que tiene que haber es un test.
Asà que una cosa que se queda un poco corta del estándar, pienso, es leer libros. Exceptuando algunos libros de matemáticas y ciencias duras, no hay un test de cómo de bien has leÃdo un libro y por eso simplemente leer un libro no se siente exactamente como trabajo. Tienes que hacer algo con lo que has leÃdo para sentirte productivo.
Creo que el mejor test es uno que Gino Lee me enseñó: el intentar hacer cosas que harÃan a tus amigos decir guau. Pero probablemente no empezará a funcionar adecuadamente hasta alrededor de los 22 años, ya que antes la mayorÃa de gente no ha tenido una muestra suficientemente grande para escoger amigos.
Sirenas
Lo que no deberÃas hacer, creo, es preocuparte sobre las opiniones de cualquiera más allá de tus amigos. No deberÃas preocuparte del prestigio. Prestigio es la opinión del resto del mundo. Cuando puedes preguntar las opiniones de la gente cuyo juicio respetas, ¿qué añade el considerar las opiniones de gentes que ni siquiera conoces? (4)
Esto es un consejo fácil de dar. Es difÃcil de seguir, especialmente cuando eres joven. (5) El prestigio es como un imán poderoso que distorsiona incluso tus creencias sobre lo que disfrutas. Te causa que trabajes no en lo que te gusta, sino en lo que te gustarÃa que te gustara.
Eso es lo que lleva a la gente a intentar escribir novelas, por ejemplo. Les gusta leer novelas. Se dan cuenta que la gente que las escribe ganan premios Nobel. ¿Qué podrÃa ser más maravilloso, piensan, que ser un novelista? Pero que te guste la idea de ser novelista no es suficiente; te tiene que gustar el trabajo concreto de escribir novelas si vas a ser bueno en ello; te tiene que gustar el inventar mentiras elaboradas.
El prestigio es sólo inspiración fosilizada. Si haces algo lo suficientemente bien, tu lo harás prestigioso. Un montón de cosas que ahora consideramos prestigiosas no lo eran nada al principio. El jazz viene a la mente – aunque casi cualquier forma de arte establecido sirve. Asà que haz lo que te gusta y deje que el prestigio se ocupe de sà mismo.
El prestigio es especialmente peligroso para los ambiciosos. Si quieres hacer a gente ambiciosa perder el tiempo haciendo recados, la forma de hacerlo es poniendo en el anzuelo el cebo del prestigio. Esa es la receta para conseguir que la gente de charlas, escribir prefacios, servir en comités, ser directores de departamentos etcétera. Puede que sea una buena regla el evitar del todo los trabajos prestigiosos. Si no apestara no tendrÃan que haberlo hecho prestigioso.
De forma similar, si admiras dos tipos de trabajo igualmente, pero uno es más prestigioso, probablemente deberÃas elegir el otro. Tus opiniones sobre lo que es admirable van a estar siempre influenciados por el prestigio, asà que si los dos te parecen iguales, probablemente tienes una admiración más genuina por el menos prestigioso.
La otra gran fuerza que desvÃa a la gente es el dinero. El dinero en sà mismo no es tan peligroso. Cuando algo se paga bien pero es despreciado, como el telemarketing o la prostitución o el litigio de daños personales, la gente ambiciosa no se siente tentado por ello. Ese tipo de trabajo termina siendo realizado por gente que está intentando “simplemente ganarse la vidaâ€. (Consejo: evita cualquier campo cuyos practicantes dicen eso). El peligro es cuando el prestigio se combina con el prestigio, como en digamos, ley corporativa o medicina. Una carrera comparativamente segura y próspera con algún prestigio básico automático es peligrosamente tentador para alguien joven, que no ha pensado mucho sobre lo que le gusta realmente.
El test de si la gente ama lo que hacen es si lo harÃan incluso si no les pagaran por ello – incluso si tuvieran que trabajar en otro trabajo para ganarse la vida. ¿Cuántos abogados corporativos harÃan su trabajo actual si tuvieran que hacerlo gratis, en su tiempo libre, y tomaran trabajos como camareros para sostenerse a sà mismos?
Este test es especialmente útil para decidir entre diferentes tipos de trabajo académico, porque los campos varÃan mucho en este respecto. La mayorÃa de los buenos matemáticos trabajarÃan en matemáticas incluso si no hubieran puestos como profesores universitarios de matemáticas, mientras que en los departamentos al otro lado del espectro, la disponibilidad de puestos de enseñanza es el incentivo: la gente prefiere ser profesores de lengua que trabajar en agencias de anuncios, y publicar artÃculos es la forma de competir por esos puestos. Las matemáticas ocurrirÃan sin departamentos de matemáticas, pero es la existencia de estudiantes de lengua y por lo tanto puestos enseñándola que crean la existencia de esos miles de artÃculos aburridos sobre el género y la identidad en las novelas de Conrad. Nadie hace ese tipo de trabajo por diversión.
El consejo de los padres tenderá a errar de lado del dinero. Parece seguro decir que hay más estudiantes universitarios que quieren ser novelistas y cuyos padres quieran que sean doctores que los que quieren ser doctores cuyos padres quieren que sean novelistas. Los chicos piensan que sus padres son “materialistasâ€. No necesariamente. Todos los padres tienden a ser más conservadores para sus hijos de lo que serÃan para ellos mismos, simplemente porque como padres ellos comparten los riesgos más que los beneficios. Si tu hijo de ocho años decide subirse a un árbol alto, o tu hija adolescente decide tener una cita con el chico malo del pueblo, tu no tendrás una participación de la emoción, pero si tu hijo se cae o tu hija se queda embarazada, tendrás que habértelas con las consecuencias.
Disciplina
Con tales fuerzas poderosas desviándonos del camino, no es sorprendente que encontremos difÃcil descubrir en lo que nos gusta trabajar. La mayorÃa de la gente están condenadas en la niñez al aceptar el axioma de que trabajo = dolor. Casi todos los que escapan de esto son atraÃdos a las rocas por el prestigio o el dinero. ¿Cuántos incluso descubren algo en lo que aman trabajar? Unos pocos cientos de miles, quizás, de billones.
Es difÃcil encontrar trabajo que amas; debe serlo, si tan pocos lo hacen. Asà que no subestimes esta tarea. Y no te sientas mal si no has tenido éxito todavÃa. De hecho, si admites para ti mismo que no estás satisfecho, estás un paso por delante de la mayorÃa de la gente, que está todavÃa en negación. Si estás rodeado de colegas que afirman disfrutar de trabajo que tu encuentras despreciable, lo más probable es que se estén mintiendo a sà mismos. No necesariamente, pero probablemente.
Aunque hacer un gran trabajo lleva menos disciplina de lo que la gente piensa – porque la forma de hacer un gran trabajo es encontrar algo que te gusta tanto que no tienes que forzarte a ti mismo a hacerlo – encontrar el trabajo que amas requiere disciplina . Alguna gente es suficientemente afortunada para saber lo que quieren hacer cuando tienen 12 años, y simplemente se siguen deslizando como si estuvieran sobre vÃas del tren. Pero esto paree ser la excepción. Más a menudo la gente que hace cosas grandiosas tienen carreras con la trayectoria de una pelota de ping-pong. Van a la escuela para estudiar A, abandonan y consiguen un trabajo haciendo B y entonces se hacen famosos por C después de que dedicaron a ello en el tiempo libre.
A veces saltar de un tipo de trabajo a otro es un signo de energÃa, y a veces es un signo de pereza. ¿Estás abandonando o labrándote de forma atrevida un nuevo camino? A menudo no lo puedes decir tú mismo. Mucha gente que más tarde hacen cosas grandes parecen estar desilusionados al principio, cuando están intentando encontrar su nicho.
Hay algún test que puedas usar para mantenerte a ti mismo honesto? Uno es intentar hacer un buen trabajo en lo que estás haciendo incluso si no te gusta. Entonces al menos sabrás que no estás usando la falta de satisfacción como una excusa para ser vago. Quizás de forma más importante, te harás el hábito de hacer las cosas bien.
Otro test que puedes usar es: produce siempre. Por ejemplo, si tienes un empleo que no tomas en serio porque planeas ser un novelista, ¿estás produciendo? ¿estás escribiendo páginas de ficción, aunque sean malas? Mientras estés produciendo, sabrás que no estás simplemente usando la visión borrosa de de la grandiosa novela que piensas escribir como un opiáceo. La vista de ella será obstruida por la muy palpablemente defectuosa que estás escribiendo en realidad.
“Siempre produce†es también una heurÃstica para encontrar el trabajo que amas. Si te sometes a esa restricción, automáticamente te empujará lejos de las cosas en las que crees se supone que tienes que trabajar, hacia las cosas que realmente te gustan. “Siempre produce†descubrirá el trabajo de tu vida de la misma forma que el agua, con la ayuda de la gravedad, descubre el agujero en tu techo.
Por supuesto, descubriendo en lo que te gusta trabajar no significa que puedes trabajar en eso. Eso es otra cuestión aparte. Y si eres ambicioso tienes que mantenerlas separadas: tienes que hacer un esfuerzo consciente para mantener tus ideas sobre lo que quieres de ser contaminadas por lo que parece posible. (6).
Es doloroso mantenerlas aparte, porque es doloroso observar el espacio entre ellas. Asà que la mayorÃa de la gente baja sus expectativas de forma preventiva. Por ejemplo, si preguntaras a gente al azar de la calle si les gustarÃa ser capaces de pintar como Leonardo, encontrarÃas que la mayorÃa dirÃa algo como “oh, yo no sé dibujarâ€. Esto es más una afirmación de intención que de hecho; significa no voy a intentarlo. Porque el hecho es que si tomaras al azar una persona de la calle y de alguna manera los pusieras a trabajar tan fuerte como fuera posible en dibujar los próximos veinte años, ellos llegarÃan sorprendentemente lejos. Pero requerirÃa un gran esfuerzo moral; significarÃa contemplar a los ojos el fracaso todos los dÃas durante años. Y por eso para protegerse a sà mismos la gente dice “no séâ€.
Otra frase relacionada que se oye a menudo es que no todo el mundo puede hacer lo que ama, que alguien tiene que hacer los trabajos desagradables. ¿De verdad? ¿cómo se les obliga? En los EE.UU. el único mecanismo para forzar a la gente a hacer trabajos desagradables es el reclutamiento, que no ha sido invocado por más de 30 años. Todo lo que podemos hacer es animar a la gente a hacer trabajos desagradables, con dinero y prestigio.
Si hay algo que la gente aún no harÃa, parece como que la sociedad puede arreglárselas sin ello. Es lo que pasó con los sirvientes domésticos. Por milenios ese era el ejemplo canónico de un trabajo que “alguien tenÃa que hacerâ€. Y sin embargo a mediados del siglo veinte los sirvientes prácticamente desaparecieron de los paÃses ricos, y los ricos simplemente tuvieron que arreglárselas.
Asà que mientras hay cosas que alguien tiene que hacer, hay una buena posibilidad de que cualquiera diga que cualquier trabajo en particular es equivocado. La mayorÃa de trabajos desagradables se automatizarÃan o se dejarÃan sin hacer si nadie estuviera dispuesto a hacerlos.
Dos Rutas
Hay otro sentido de que “no todo el mundo puede trabajar en lo que le gusta†sin embargo eso es muy verdadero. Uno tiene que ganarse la vida, y es difÃcil que te paguen por hacer el trabajo que amas. Hay dos rutas hacia ese destino:
La ruta orgánica: mientras te vas haciendo más eminente, gradualmente incrementar las partes de tu trabajo que te gustan a expensas de las que no te gustan.
La ruta de los dos trabajos: trabajar en cosas que no te gustan para conseguir dinero para trabajar en las cosas que sà te gustan.
La ruta orgánica es más común. Ocurre naturalmente a cualquiera que hace un buen trabajo. Un joven arquitecto tiene que tomar cualquier trabajo que pueda conseguir, pero si lo hace bien estará gradualmente en posición para elegir entre proyectos. La desventaja de esta ruta es que es lenta e incierta. Incluso el empleo fijo no es libertad verdadera.
La ruta de los dos trabajos tiene varias variantes dependiendo de cuánto tiempo trabajas por dinero cada vez. En un extremo está el “trabajo regularâ€, donde trabajas horas normales en un puesto para hacer dinero, y trabajas en lo que amas en tu tiempo libre. En el otro extremo trabajas en algo hasta que haces suficiente para no tener que trabajar de nuevo.
La ruta de los dos trabajos es menos común que la ruta orgánica, porque requiere una elección deliberada. Es también más peligrosa. La vida tiende a encarecerse a medida que te haces más viejo de manera que es fácil quedarse atrapado en trabajar más de lo que uno esperaba en el trabajo de dinero. Peor aun, cualquier cosa en la que trabajas te cambia. Si trabajas mucho tiempo en cosas tediosas, te pudrirá el cerebro. Y los trabajos mejores pagados son los más peligrosos, porque requieren tu atención completa.
La ventaja de la ruta de los dos trabajos es que te deja saltar sobre obstáculos. El paisaje de trabajos posibles no es llano; hay paredes de diversas alturas entre diversos tipos de trabajo. (7). El truco de maximizar las partes de tu trabajo que te gustan te pueden llevar de la arquitectura al diseño de producto pero no, probablemente, a la música. Si haces dinero haciendo una cosa y entonces trabajas en otra, tienes más libertad de elección.
¿Qué ruta deberÃas tomas? Eso depende de cuánto seguro estás de lo que quieres hacer, cómo eres de bueno para tomar órdenes, cuánto riesgo puedes aguantar y las posibilidades de que cualquiera pague (durante tu vida) por lo que quieres hacer. Si estás seguro del área general en la que quieres trabajar y es algo que la gente es posible que te pague por ello, entonces probablemente deberÃas tomar la ruta orgánica. Pero si no sabes en lo que quieres trabajar, o no te gusta tomar órdenes, puede que quieras tomar la ruta de los dos trabajos, si puedes aguantar el riesgo.
No decidas muy pronto. Los niños que saben pronto lo que quieren parecen impresionantes, como si supieran la respuesta a alguna pregunta de matemáticas antes que los otros niños. Tienen una respuesta, ciertamente, pero lo más probable es que es equivocada.
Una amiga mÃa que es una doctora bastante exitosa se queja constantemente de su trabajo. Cuando la gente solicitando el ingreso en escuelas de medicina le preguntan su consejo, ella les quiere sacudir y gritar “!no lo hagas!†(pero nunca lo hace). ¿Cómo se metió en este lÃo? En la escuela secundaria ella ya querÃa ser una doctora. Y es tan ambiciosa y determinada que sorteó todos los obstáculos por el camino – incluyendo desafortunadamente, El que no le gustara.
Ahora ella tiene una vida elegida por ella por una colegiala.
Cuando eres joven, te dan la impresión de que obtendrás suficiente información para hacer cada elección antes que necesites hacerla. Pero esto no es asà ciertamente con el trabajo. Cuando estas decidiendo qué hacer tienes que operar con información ridÃculamente incompleta. Incluso en la universidad obtienes poca idea de cómo son los distintos tipos de trabajo. En el mejor caso puedes tener un par de trabajos de prácticas, pero no todos los trabajos ofrecen prácticas, y los que los hacen no te enseñan mucho más acerca del trabajo que el ser un recogepelotas te enseña acerca de jugar al tenis.
En el diseño de las vidas, como en el diseño de la mayorÃa de otras cosas, uno obtiene mejores resultados si se usa un medio flexible. Asà que a menos que sepas con bastante seguridad lo que quieres hacer, tu mejor apuesta puede ser el elegir un tipo de trabajo que se pueda convertir en una carrera orgánica o de dos trabajos. Esa fue probablemente parte de la razón por la que elegà computadores. Puedes ser profesor universitario, o hacer mucho dinero, o transformarlo en un sinnúmero de otros tipos de trabajo.
Es también sabio, pronto, el buscar trabajos que te dejan hacer muchas cosas distintas, para que puedas aprender más rápido cómo son los diversos tipos de trabajo. Análogamente, la versión extrema de la ruta de los dos trabajos es peligrosa porque te enseña tan poco de lo que te gusta. Si trabajas duro en ser un tratante de bonos durante diez años, pensando que lo dejarás y escribirás novelas cuando tengas suficiente dinero, ¿qué pasa cuando lo dejas y entonces descubres que no te gusta en realidad escribir novelas?
La mayorÃa de la gente dirÃa, yo tomarÃa ese problema. Dame un millón de dólares y ya se me ocurrirá qué hacer. Pero es más difÃcil de lo que parece. Las limitaciones dan forma a tu vida. QuÃtalas y la mayorÃa de la gente no tiene ni idea de qué hacer: mira lo que les pasa a esos que ganan la loterÃa o heredan dinero. Por mucho que todo el mundo piense que quieren seguridad financiera, la gente más feliz no son los que la tienen, sino a los que les gusta lo que hacen. De forma que un plan que promete libertad a la expensa de saber lo que hacer con ella puede no ser tan bueno como parece.
En cualquier ruta que tomes, espera una lucha. Encontrar trabajo que amas es muy difÃcil. La mayorÃa fracasa. Incluso si tienes éxito, es raro estar libre para trabajar en lo que quieres hasta los treinta o cuarenta. Pero si tienes el destino en punto de mira es más probable que llegues a él. Si sabes que puedes amar el trabajo, estas en camino, y si sabes qué trabajo amas, estas prácticamente ahÃ.
Notas
(1) Ahora hacemos lo opuesto: cuando hacemos que los chicos hagan trabajo aburrido, como ejercicios de aritmética, en vez de admitir francamente que es aburrido, intentamos disfrazarlo con decoraciones superficiales.
(2) Un padre me contó sobre un fenómeno relacionado: se encontraba a sà mismo ocultando a su familia cuánto le gustaba su trabajo. Cuando querÃa trabajar un sábado, encontraba más fácil decir que era porque “tenÃa†por alguna razón, antes que admitir que preferÃa trabajar que quedarse en casa con ellos.
(3) Algo similar pasa con los suburbios. Los padres se mudan a los suburbios para criar a sus hijos en un ambiente seguro, pero los suburbios son tan aburridos y superficiales que para cuando tienen quince años los chicos están convencidos de que el mundo por completo es aburrido.
(4) No estoy diciendo que los amigos sean la única audiencia de tu trabajo. Mientras más gente puedas ayudar, mejor. Pero los amigos deberÃan ser tu brújula.
(5) Donald Hall dijo que jóvenes aspirantes a poeta estaban equivocados al obsesionarse con publicar. Pero puedes imaginar lo que harÃa a uno de 24 años el publicar un poema en The New Yorker. Ahora para la gente que conoce en fiestas él es un poeta de verdad. Realmente él no es mejor o peor que antes, pero para una audiencia que no tiene ni idea como esa, la aprobación de un autoridad oficial hace toda la diferencia. Asà que es un problema más difÃcil de lo que may se imagina. La razón por la que los jóvenes les importa tanto el prestigio es que la gente a los que quieren impresionar no tienen mucho discernimiento.
(6) Esto es isomórfico al principio de que deberÃas evitar que tus creencias sobre cómo son las cosas sean contaminadas por cómo te gustarÃan que fueran. La mayorÃa de la gente dejan que se mezclen de forma bastante promiscua. La continua popularidad de la religión es el Ãndice más visible de ello.
(7) Una metáfora más exacta serÃa decir que el grafo de trabajos no está muy bien conectado.
Gracias a Trevor Blackwell, Dan Friedman, Sarah Harlin, Jessica Livingston, Jackie McDonough, Robert Morris, Peter Norvig, David Sloo, y Aaron Swartz por leer borradores de esto.

